domingo, 6 de marzo de 2016

Prisas prisas prisas by LaPutaVieja




Prisas prisas prisas


Demasiadas prisas llevamos en nuestras vidas, demasiada preocupaciones ocupan nuestras cabezas y todo por la estúpida necesidad de obtener resultados exprés
Comemos deprisa (más cerca estamos en ocasiones de engullir más que de comer), caminamos como si nos persiguieran y en muchas ocasiones sin necesidad, buscamos lecturas cortas que no nos obliguen a seguirlo más de un puñado de horas o incluso de minutos. Optamos por comidas rápidas, por citas exprés, por mensajes cortos. Y a la vez, nos obsesionamos por llenar el tiempo con mil cosas pero siempre con extremada rapidez, sin parar a pensar si lo que hacemos nos gusta o nospropociona algún tipo de placer o beneficio anímico.



Las prisas, el instante, el momento, es el rumbo que marcamos a nuestras existencias. No somos capaces de buscar un momento, para sentarnos a pensar, pararnos para no hacer nada, sentirnos setas de nuestras propias vidas por un momento. Nuestras vidas se ven abocadas a la rapidez incluso en las relaciones personales. Hace cuanto tiempo no nos hemos parado a charlar con alguien con quien no tenemos un diario contacto? O por qué ya no dedicamos un tiempo a escribir a alguien lejano? No hablo ya de una carta de puño y letra, algo que hoy está más que olvidado, simplemente un email cariñoso que no sea por necesidad laboral.

Hoy las relaciones se basan en pequeños, telegráficos mensajes en el móvil donde escasean las vocales y las consonantes se amontonan expresando palabras en ocasiones ininteligibles (bueno al menos para los de otras generaciones). No nos fijamos en las estructuras gramaticales ni de expresión. Muchas veces una palabra, una frase bien escrita, completa lleva en su interior muchos sentimientos (de amor o de desprecio por supuesto).

Y aun con todo y eso, y aun con esa vida exprés en nuestros actos vitales, nos falta tiempo para hablarnos, para cuidarnos, para preocuparnos por los demás, para escuchar y ser oídos. Parece que últimamente nos llenan la vida con pequeños sobrecitos efervescentes de contacto que mezclar rápidamente en una bebida isotónica que engullir mientras corremos en la cinta del gimnasio o mientras corremos camino al trabajo. 



Realmente, esta actitud me da una imagen, igual errónea no lo sé, de que no disfrutamos de la vida sino que la explotamos como un esclavo de nuestras ansias, de nuestras estupideces. Tristes vidas las que llevamos. 

Ahora os dejo, tengo prisa.




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